Lamassu: qué es el toro alado asirio y por qué tiene cinco patas

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Un lamassu es un genio protector asirio: un toro o un león alado con cabeza humana barbada y una tiara con cuernos, tallado en piedra a ambos lados de las puertas de palacios y ciudades para cerrar el paso al mal. Los más conocidos son del siglo IX al VII a. C. y los hay en París, Londres, Nueva York, Chicago y Bagdad.

Los del Louvre los mandó tallar Sargón II, un rey del que, hasta mediados del siglo XIX, apenas se sabía nada: ningún autor clásico lo menciona y la Biblia, solo una vez, en Isaías. Esa es la otra razón para mirarlos despacio, además de contarles las patas.

Qué es un lamassu

Los asirios llamaban a estas figuras lamassu o aladlammû, según la presentación del propio Louvre. El nombre lamassu se usaba más a menudo para divinidades femeninas, y para la protectora masculina estaba šēdu. El Louvre, en sus fichas, registra el término como «Lamassu = Shedu». Una inscripción de Senaquerib pide que «el šēdu favorable y el lamassu favorable» se queden para siempre en su palacio: invocaba a los dos juntos.

Qué hacían en la puerta. Su trabajo era vigilar la ciudad y el palacio. Por eso se tallaban donde hacía falta más protección, sobre todo en las entradas. Un sucesor de Sargón escribió que, por su aspecto, hacen retroceder al malvado, guardan los peldaños y aseguran el camino del rey que los mandó hacer. Los dos o tres pares de cuernos de la tiara eran la marca de su carácter divino.

Qué llevan entre las patas. En los toros de Sargón, escritura cuneiforme: el texto repasa las campañas del rey y la fundación de su ciudad, y termina con maldiciones contra quien dañe la obra. El toro de Chicago tiene unas 50 líneas repartidas en dos paneles entre las patas y otras 22 en la parte de atrás.

Lo que no son es estatuas exentas. Son altorrelieves tallados en bloques enormes de alabastro yesoso que formaban parte del muro. Los dos toros que trajo Botta al Louvre miden 4,20 metros de alto.

Por qué el lamassu tiene cinco patas

Tiene cinco patas porque el escultor lo pensó para dos miradas. Visto de frente, el toro está quieto, con las dos patas delanteras juntas. Visto de lado, camina: cuatro patas en actitud de marcha. La pata de la esquina es la misma en las dos vistas, así que al contarlas todas salen cinco.

Por qué el lamassu tiene cinco patasEsquema de un toro alado asirio visto de frente, con dos patas juntas y quietas, y visto de lado, con cuatro patas en marcha. La pata de la esquina aparece en las dos vistas, así que el total es cinco.DE FRENTEDE LADO121345quieto: 2 patasen marcha: 4 patasla pata 1 cuenta en las dos vistas: 2 + 4 − 1 = 5
De frente, dos patas quietas; de lado, cuatro en marcha. La de la esquina sale en las dos vistas: por eso el lamassu tiene cinco. Esquema propio.

El Metropolitan lo explica así en la ficha de su toro de Nimrud: el escultor dio cinco patas a estos guardianes para que parezcan firmes de frente y en marcha de lado. En la ficha de uno de sus leones alados, el British Museum añade el matiz que se olvida: la figura está hecha para verse de frente o de lado, no en diagonal. Desde el ángulo de tres cuartos, la quinta pata se ve de más.

Es un truco de escultor, no un error: nadie esperaba que le contaran las patas.

Los lamassu del Louvre: el patio de Jorsabad (sala 229)

Los lamassu del Louvre están en el ala Richelieu, planta baja (nivel 0), sala 229, el patio de Jorsabad. Proceden de Dur-Sharrukin, «la fortaleza de Sargón», que hoy es Jorsabad (también se escribe Khorsabad), en el norte de Irak. Sargón II trasladó allí la corte en el 706 a. C. y murió en combate al año siguiente.

Los dos primeros, AO 19857 y AO 19858, los excavó Paul-Émile Botta, representante consular de Francia en Mosul, en 1843 y 1844. Eran demasiado grandes para el viaje y se cortaron en placas. Llegaron a Francia a finales de 1846, y el museo asirio del Louvre abrió el 1 de mayo de 1847. El museo calcula el peso de cada toro en unas 28 toneladas en su web y en unas 30 en su dossier pedagógico.

La segunda campaña francesa en Jorsabad salió peor. En 1855, el convoy con las piezas que había excavado Victor Place fue asaltado y se hundió en el Shatt al-Arab. Según el Louvre, de los toros de aquel envío solo uno llegó al museo. Cuál de ellos es no está claro: la ficha del tercer original, AO 19859, nombra a Place como excavador, pero le da las fechas de las piezas de Botta (hallazgo en 1843-1844, ingreso en 1847).

Cómo distinguir los originales de los vaciados

En la sala 229 hay, según las fichas del museo, tres toros originales de piedra y dos vaciados de yeso, y a simple vista cuesta separarlos. En la web del museo no hay ninguna regla para hacerlo a ojo. Lo que sí dicen sus fichas ayuda bastante:

Inventario Qué es Material Medidas (alto × largo) Inscripción entre las patas
AO 19857 Original, lado izquierdo de una entrada del palacio de Sargón II Alabastro yesoso 420 × 436 cm Sí
AO 19858 Original, su pareja del lado derecho Alabastro yesoso 420 × 440 cm Sí
AO 19859 Original, lado derecho de la puerta de la ciudad n.º 3 Alabastro yesoso 428 × 421 cm Sí
AO 30228 Vaciado, pareja de AO 19859 Yeso 428 × 421 cm La ficha no la registra
AO 30043 Vaciado de un toro de Jorsabad, entró en 1993 Yeso 495 × 491 cm La ficha no la registra

Con esa tabla en la mano, dos pistas y una advertencia:

  • El número de inventario. En estas cinco piezas, los originales llevan AO 198xx y los vaciados, AO 30xxx.
  • El tamaño. AO 30043 es el más alto de los cinco, 75 cm más que los originales de Botta. Si hay un toro que destaca por encima de los demás, es de yeso.
  • La escritura no basta. Las fichas de los tres originales anotan la inscripción cuneiforme entre las patas y las de los vaciados no, pero un vaciado copia lo que tenga su original. Ver escritura no basta para dar un toro por auténtico.

Un vaciado no es una falsificación. Es una copia en yeso sacada con un molde del original, que permite ver el conjunto completo sin trasladar otro bloque de decenas de toneladas. Pero conviene saber delante de cuál de los dos estás antes de hacer la foto.

Qué más ver en las salas 229 y 230: Sargón II y Tiglat-Piléser III

En la misma sala 229:

  • AO 19873, Sargón II frente a un dignatario. El rey lleva la tiara asiria. Todavía le quedan restos de pintura roja en la tiara y de blanco en el ojo, una pista de que estos relieves no se veían grises. Mide 3,30 metros de alto.
  • AO 19889, el transporte de la madera. Barcos con proa en forma de cabeza de caballo transportan troncos de cedro, con las ciudades de Tiro y Arvad al fondo. En el mar nadan un cangrejo, un hombre-pez y un toro alado. Es el comercio fenicio de madera que la Biblia sitúa en tiempos de Salomón (1 Reyes 5), pero siglos después y sin relación directa con él.

En la sala contigua, la 230:

  • AO 19853, el rey Tiglat-Piléser III. Es un fragmento de relieve de Nimrud (93 × 42 cm), hallado en 1862, con el rey de pie y el brazo derecho levantado. Es el «Pul» de la Biblia («Phul» en la Reina-Valera; ver más abajo).

Antes de ir. El patio de Jorsabad está en la misma planta que la sala 227, la del Código de Hammurabi, y la ruta completa por las piezas bíblicas del museo, sala a sala, está en la Biblia en el Louvre. El Louvre cierra los martes y, según el plano oficial de septiembre de 2026, las salas 227 a 230 (el patio Jorsabad incluido) cierran además los miércoles: para ver los toros, mejor de jueves a domingo o el lunes.

Sargón II, el rey que la Biblia nombra una sola vez

La Biblia menciona a Sargón por su nombre en un único versículo:

«En el año que vino Thartán á Asdod, cuando le envió Sargón rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó;» (Isaías 20:1, Reina-Valera 1909)

Fuera de ese versículo, apenas quedaba nada: en 1884, los historiadores Georges Perrot y Charles Chipiez lo recordaban como un nombre que no menciona ningún autor clásico y que la Biblia cita una sola vez. Eso cambió cuando Botta sacó del suelo buena parte de un palacio con sus inscripciones, y en 1847 Adrien de Longpérier leyó en ellas el nombre del rey. Hoy su reinado se fija entre el 721 y el 705 a. C., y sus inscripciones ocupan un volumen propio de la edición académica de los textos reales asirios (RINAP 2, publicado en 2021).

Lo que confirma y lo que no. Jorsabad confirma que existió un rey asirio llamado Sargón, con el poder que Isaías le da, en la época en que el texto lo sitúa. Sus propios textos cuentan, además, que tomó Asdod y la anexionó. Isaías 20:1 atribuye la toma a su Thartán, el general en jefe, y el rey se la apunta a sí mismo. No confirma el resto del capítulo, en el que el profeta anda desnudo y descalzo tres años como señal contra Egipto y Etiopía (Isaías 20:2-4). Tampoco hace falta pedirle a una piedra lo que una piedra no puede dar.

Samaria, Isaías, Oseas y Jonás: el mundo asirio de la Biblia

La caída de Samaria, capital del reino del norte, es donde el relato bíblico y los anales asirios se cruzan, y donde no encajan del todo. El segundo libro de los Reyes nombra a Salmanasar como el rey que sometió a Oseas, el último rey de Israel, y lo hizo tributario (2 Reyes 17:3). Para la toma de la ciudad solo dice «el rey de Asiria»:

«En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria á Samaria, y trasportó á Israel á Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos.» (2 Reyes 17:6, Reina-Valera 1909)

El capítulo siguiente vuelve sobre el asedio: Salmanasar cercó Samaria y «tomáronla al cabo de tres años» (2 Reyes 18:9-10), sin decir quién entró. Sargón, en cambio, se atribuye la conquista a sí mismo. En su Gran Inscripción de Jorsabad dice que rodeó y conquistó Samaria y se llevó como botín a 27.290 de sus habitantes. Otro ejemplar del mismo texto da 27.280, y la toma de Samaria se fecha entre el 722 y el 720 a. C. Con fuentes asirias tan escasas, los especialistas siguen discutiendo qué hizo Salmanasar V y qué se apuntó Sargón al subir al trono.

La objeción que hay que hacerse. Un rey asirio que presume de conquistas es tan poco neutral como un cronista del bando contrario. Que Sargón diga que tomó Samaria no demuestra que la tomara él. Demuestra que quería que se recordara así, y lo grabó en los muros de su palacio para que se leyera durante siglos.

Tiglat-Piléser III, el del relieve de la sala 230, aparece en la Biblia primero con su nombre babilónico:

«Y vino Phul rey de Asiria á la tierra; y dió Manahem á Phul mil talentos de plata porque le ayudara á confirmarse en el reino.» (2 Reyes 15:19, Reina-Valera 1909)

Unos versículos más adelante se le llama ya Tiglat-Piléser (2 Reyes 15:29 y 16:7). Reinó del 744 al 727 a. C. y, según 2 Reyes 15:29, se llevó cautivos a Asiria a los habitantes de Galilea y de toda la tierra de Neftalí.

Es el siglo de los profetas «asirios». Isaías escribe en Jerusalén con Asiria a las puertas. El profeta Oseas (no el rey del mismo nombre) predica en el reino del norte en sus últimos años, antes de Samaria. Y Jonás es enviado a Nínive, la gran ciudad asiria, que solo sería capital del imperio más tarde, con Senaquerib:

«Y era Nínive ciudad sobremanera grande, de tres días de camino.» (Jonás 3:3, Reina-Valera 1909)

Nínive tenía sus propios lamassu. Los de la Puerta de Nergal son de los que ya no se pueden ver enteros (más abajo).

¿Son los querubines de la Biblia lamassu?

No hay prueba de que lo sean, aunque la pregunta es legítima. La Biblia describe seres alados con rasgos de varios animales que custodian lo sagrado. En el arca, dos querubines de oro cubren el propiciatorio con las alas:

«Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas la cubierta: sus caras la una enfrente de la otra, mirando á la cubierta las caras de los querubines.» (Éxodo 25:20, Reina-Valera 1909)

Y en la visión de Ezequiel, que escribe desterrado en Babilonia, los seres vivientes tienen cuatro rostros, entre ellos uno de buey:

«Y la figura de sus rostros era rostro de hombre; y rostro de león á la parte derecha en los cuatro; y á la izquierda rostro de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostro de águila.» (Ezequiel 1:10, Reina-Valera 1909)

En el capítulo 10 los identifica con los querubines (Ezequiel 10:20). Hombre, león, buey y alas: casi los mismos ingredientes que un lamassu, que no tiene rostro de águila.

Esto es lo que dice la investigación, de lo más firme a lo más discutido:

  • La palabra. El hebreo kerub se relaciona a menudo con el acadio kurību o kāribu, pero la etimología sigue siendo incierta.
  • La imagen. La figura que suele identificarse con los querubines (así lo hicieron Albright, De Vaux y Mettinger) no es el toro asirio, sino la esfinge alada de estilo sirio o fenicio: cuerpo de león, cabeza humana y alas. Hay ejemplos de Megido, Hazor, Samaria, Biblos, Arslan Tash y Nimrud.
  • Ezequiel y los toros. Se ha propuesto que las esculturas asirias pudieron inspirar su visión. Es una hipótesis, no una conclusión. Además, el versículo que cambia el buey por un querubín (Ezequiel 10:14) no aparece en la antigua traducción griega, y la mayoría de los especialistas lo considera una glosa posterior.

Lo razonable. Querubines y lamassu pertenecen a la misma familia de guardianes compuestos del antiguo Oriente, y el lector de hoy hace bien en verlos juntos. Decir que el querubín es un lamassu ya es otra cosa, y eso no lo sostiene ninguna fuente académica. Esa familia de guardianes aparece también en el templo de Ain Dara, con leones y esfinges en la piedra, un templo sirio que suele compararse con el de Salomón, cuyos querubines describe 1 Reyes 6.

Dónde hay lamassu hoy y qué destruyó el Estado Islámico

Museo Ciudad Pieza Procedencia y rey
Louvre París Tres toros originales (AO 19857, AO 19858, AO 19859) y dos vaciados, sala 229 Jorsabad, Sargón II (721-705 a. C.)
British Museum Londres Pareja de toros de una puerta de la ciudadela (sala G10c) Jorsabad, Sargón II
British Museum Londres Pareja de leones alados (sala 6) y un toro (sala G8) Nimrud, palacio de Asurnasirpal II
Metropolitan Museum Nueva York Un toro y un león alados, donados en 1932 (hoy no expuestos) Nimrud, Asurnasirpal II (h. 883-859 a. C.)
ISAC (antiguo Oriental Institute) Chicago Un toro de más de 4,8 m y unas 40 toneladas, hallado en 1929 Jorsabad, Sargón II
Museo de Irak Bagdad Guardianes de puerta de Jorsabad Jorsabad, Sargón II

Según la cartela del British Museum, su toro de Nimrud y el del Metropolitan eran pareja, y hoy los separa un océano. La ficha del Met da sus dos piezas como no expuestas: compruébalo antes de ir a Nueva York.

Lo que ya no se puede ver. El 26 de febrero de 2015, el Estado Islámico difundió un vídeo en el que sus milicianos destrozaban esculturas del Museo de Mosul. Los toros alados de la Puerta de Nergal, en Nínive, fueron atacados con martillos neumáticos. El 5 de marzo de 2015 entraron con excavadoras en Nimrud, y en abril difundieron la destrucción de la parte noroeste del palacio de Asurnasirpal II, el mismo palacio del que salieron los lamassu de Nimrud de Londres y Nueva York. Nimrud fue liberada en noviembre de 2016. Jorsabad fue saqueada y en parte minada durante la ocupación. En la Puerta de Nergal, un equipo de la Universidad de Heidelberg recupera desde el verano de 2023 los fragmentos de las esculturas destruidas.

Así que muchos de los lamassu que hoy se pueden ver enteros están en museos a miles de kilómetros de su puerta. No es una buena noticia, pero es la situación.

Si vas al Louvre, cuéntale las patas a cualquiera de los toros, de frente y luego de lado, busca la escritura entre las patas y localiza los dos que son de yeso. Después, abre Isaías 20. La ruta completa, con las demás piezas bíblicas del museo, está en la Biblia en el Louvre, y otra inscripción de un rey extranjero que nombra a Israel, un siglo antes y en arameo, en la estela de Tel Dan. Para situar reyes y profetas, tienes la línea del tiempo de la Biblia y los mapas bíblicos.

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