Porque traducir la Biblia obliga a tomar decisiones que no tienen una única respuesta correcta: de qué manuscritos se parte, cuánto se pega la traducción a las palabras del original, para qué lector se escribe y en qué español. Cada combinación de esas decisiones produce una Biblia distinta. Y como el idioma cambia, el trabajo nunca se da por cerrado.
Cada una de esas decisiones se ve a simple vista en el texto, sin saber una palabra de hebreo ni de griego. Aquí van las cinco, con ejemplos que puedes comprobar tú mismo.
| La decisión que toma el equipo traductor | Dónde se nota cuando lees |
|---|---|
| De qué manuscritos se parte | Versículos que están en unas Biblias y en otras no, o que aparecen entre corchetes y con una nota al pie |
| Cuánto se pega a las palabras del original | Frases largas y giros que suenan raros, frente a frases cortas y naturales |
| Para qué español se traduce | «Vosotros» o «ustedes», la ortografía, el vocabulario |
| Para qué tradición se traduce | Cuántos libros trae, qué notas lleva, cómo se numeran los salmos, cómo se escribe el nombre de Dios |
| Quién tiene los derechos | Si puedes leerla y descargarla gratis, y desde dónde |
¿Cuántas traducciones de la Biblia al español hay?
No hay una cifra oficial, porque depende de qué cuentes como traducción distinta y qué cuentes como revisión de otra. Pero se puede medir algo concreto: en agosto de 2026, el portal bíblico BibleGateway ofrecía 19 versiones en español. Y el detalle que lo explica casi todo: seis de esas diecinueve llevan «Reina» y «Valera» en el nombre. Seis versiones distintas que arrastran el mismo apellido, porque todas vienen de la misma línea: la que abrió Casiodoro de Reina en 1569.
Fuera del español la escala es otra. La Wycliffe Global Alliance contaba 7.396 lenguas vivas en el mundo y 4.457 con trabajo de traducción bíblica en marcha a 1 de agosto de 2025. Y las Sociedades Bíblicas Unidas informaron de que solo en 2025 se publicaron traducciones en 100 idiomas, entre ellas 13 Biblias completas por primera vez en esa lengua.
Esto no es un fenómeno del español ni de nuestra época: es cómo funciona el asunto desde siempre.
No todas las traducciones parten del mismo texto original
Empieza por aquí: es la razón que más diferencias explica.
No existe «el original» de la Biblia en el sentido de un manuscrito firmado por el autor. Lo que existe son copias de copias, hechas a mano durante siglos, y no todas dicen exactamente lo mismo. Antes de traducir hay que decidir qué texto se considera el mejor punto de partida, y esa decisión ya condiciona el resultado.
Ese punto de partida ha ido mejorando. En 1947, un pastor beduino encontró la primera cueva de Qumrán, junto al mar Muerto. Según la Autoridad de Antigüedades de Israel, cuando el profesor Sukenik desenrolló aquello se encontró con manuscritos hebreos mil años más antiguos que cualquier texto bíblico que se conociera hasta entonces. Ninguna traducción anterior a 1947 pudo tener ese material delante.
Y sigue moviéndose ahora mismo: el Rollo de Ein Gedi, carbonizado y por tanto ilegible durante siglos, se desenrolló digitalmente en 2016 con tomografía tridimensional, y resultó traer los dos primeros capítulos del Levítico.
El Nestle-Aland, la edición del Nuevo Testamento griego que publica la Sociedad Bíblica Alemana, va por su 28.ª edición, y la editorial ya anuncia la 29.ª: incorporará cambios en el texto de Marcos, Hechos y Apocalipsis y modificará incluso el orden de los escritos, para seguir el que traen la mayoría de los manuscritos griegos. Todavía no se ha publicado, pero cuando salga, las traducciones que la adopten se moverán con ella.
Un versículo que está en unas Biblias y no está en otras
Míralo en 1 Juan 5:7. En la Reina-Valera Antigua —el nombre con el que se publica hoy el texto de Reina y Valera antes de las revisiones del siglo XX— dice así:
«Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno.»
En la Nueva Versión Internacional, ese versículo 7 se queda en una sola línea y esa frase no aparece. La propia NVI lo explica en su nota al pie: el pasaje «se encuentra en mss. posteriores de la Vulgata, pero no está en ningún ms. griego anterior al siglo XIV». Puedes ver las dos, una al lado de la otra.
Y esto no se reparte por bandos. La Nova Vulgata, la edición latina oficial de la Iglesia católica, tampoco trae la frase: su versículo 7 es solo «Quia tres sunt, qui testificantur». O sea que falta en una versión evangélica moderna y falta en la latina oficial católica. No es que unos añadieran y otros quitaran: es que no se partió del mismo sitio.
Cada equipo decide cuánto se pega a las palabras del original
La segunda bifurcación no es de manuscritos, es de método. Un traductor puede reproducir la construcción del hebreo y del griego lo más de cerca posible, o traducir unidad de sentido por unidad de sentido para que la idea llegue igual de clara que le llegaba al lector de entonces. Las dos son decisiones honradas y las dos cuestan algo: la primera cuesta legibilidad, la segunda deja en manos del traductor unas cuantas decisiones de interpretación.
Como esas dos maneras no se pueden combinar en un solo libro, hacen falta libros distintos. Una Biblia pensada para estudiar palabra por palabra y otra pensada para leérsela a un niño en voz alta no pueden ser el mismo texto, por bien hecho que esté. Desarrollamos las tres familias, con la tabla de qué versión es cuál, en ¿Qué traducción bíblica elegir?.
El español de 1569 no es el de hoy, ni el de España es el de América
La primera Biblia completa traducida al castellano directamente desde el hebreo, el arameo y el griego es de 1569: la de Casiodoro de Reina, impresa en Basilea y conocida como Biblia del Oso. Cipriano de Valera la revisó en 1602. Y no terminó ahí: según la Sociedad Bíblica, esa misma traducción se ha vuelto a revisar en 1862, 1909, 1960 y 1995.
No fueron caprichos. El castellano se movió debajo del texto. Así suena el principio del Salmo 23 en esa misma Reina-Valera Antigua:
«JEHOVA es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto á aguas de reposo me pastoreará.»
Ese «á» con tilde ya no se escribe así. Y «delicados pastos» tampoco es como hablamos hoy. Ese es el trabajo de una revisión: que el texto se siga entendiendo.
Hay además un segundo idioma dentro del idioma. En la misma lista de BibleGateway conviven La Palabra (España) y La Palabra (Hispanoamérica), y su propia ficha explica que son dos ediciones de la misma traducción, cada una adaptada al uso del español a un lado y otro del Atlántico. Al lado están la Nueva Versión Internacional y una edición castellana aparte. El «vosotros» de Valladolid y el «ustedes» de Bogotá no se pueden servir con el mismo libro sin que a alguien le suene ajeno.
Cada tradición traduce también para los suyos
Una Biblia no es solo un texto: es un texto con un índice, unas notas y unas decisiones de vocabulario, y ahí cada tradición pone lo suyo.
El número de libros es la diferencia mayor: una Biblia católica trae siete libros del Antiguo Testamento —Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos de Macabeos, todos ellos en la lista del Catecismo de la Iglesia católica— que una protestante no incluye. Lo contamos entero en ¿Qué son los libros apócrifos?.
El nombre de Dios es la segunda: donde el hebreo pone el tetragrámaton, unas versiones escriben «Jehová», otras «Yahvé» y otras «el Señor». Es una decisión de traducción con siglos de discusión detrás.
Y hay una tercera que descoloca al comparar dos Biblias: la numeración de los salmos. La tradición griega y latina unió en uno los salmos 9 y 10 del hebreo, y desde ahí los números van desfasados durante casi todo el resto del salterio. La edición latina oficial de la Iglesia católica, la Nova Vulgata, resuelve el lío poniendo los dos —encabeza el salmo con «PSALMUS 23 (22)» y marca que su salmo 10 corresponde a los versículos 22-39 del salmo 9 de la Vulgata antigua—. Si alguna vez has visto citado el Salmo 22 donde tú tienes el 23, no era una errata.
Una traducción tiene dueño, y eso también multiplica las versiones
Esta razón no es de traducción: es legal. El texto bíblico antiguo, en sus lenguas originales, no tiene dueño. Una traducción, sí: es una obra nueva, con sus propios derechos de autor. La ley española es explícita: el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual incluye «las traducciones y adaptaciones» entre las obras protegidas (artículo 11) y fija su duración en toda la vida del autor más setenta años (artículo 26).
Consecuencia práctica: mientras esos derechos sigan vivos, una traducción moderna no se puede copiar ni redistribuir sin permiso de quien la publica. Si una versión reciente no la ofrece su propio editor en descarga, el PDF que encuentres por ahí no está autorizado. Lo que sí puedes descargar sin infringir nada son las versiones antiguas y aquellas cuyo editor las libera expresamente. Tienes las que hemos podido verificar en Descargar Biblias en PDF, y contamos un caso concreto de esos derechos en Biblia al Día 1979: por qué no hay PDF y qué puedes descargar legalmente.
¿Eso quiere decir que la Biblia ha cambiado, o que alguna traducción está mal?
No, y conviene decirlo con cuidado.
Que existan muchas traducciones no significa que el contenido vaya cambiando de versión en versión. Significa que el mismo texto se ha vertido a un idioma que no es el suyo con criterios distintos, y que las diferencias entre esos criterios están a la vista: en las notas al pie, en los corchetes, en las introducciones. Y se pueden comparar gratis en dos clics.
Sí es verdad que ninguna traducción es neutral, y ninguna pretende serlo: quien traduce elige, y elegir es interpretar un poco. Por eso, cuando algo importante se juega en una sola palabra, lo sensato no es fiarse de una versión: es abrir dos de familias distintas y ver si coinciden. Cuando coinciden, el pasaje es claro. Cuando discrepan, acabas de localizar el punto exacto donde el original admite más de una lectura.
Escribimos esta web como lectores, no desde ninguna confesión: no vamos a decirte cuál es la buena, pero sí cómo se decide.
Entonces, ¿cuál elijo?
La que sirva para lo que vas a hacer con ella: una de lenguaje actual si vas a leer de corrido, una literal si vas a estudiar versículo a versículo, y una de tu tradición si vas a seguir las lecturas de tu parroquia o de tu congregación. Con dos, mejor que con una.
Eso da para un artículo entero, y lo tenemos escrito, con tabla comparativa y una prueba de diez minutos: ¿Qué traducción bíblica elegir?.
Preguntas frecuentes
Si cada traducción dice las cosas de otra manera, ¿cómo sé que la mía no me está engañando?
Comparándola, que cuesta dos minutos y es gratis. Abre el pasaje que te preocupe en tu versión y en otra de familia distinta, en cualquier portal bíblico. Si las dos dicen lo mismo con otras palabras, el texto es claro. Si dicen cosas apreciablemente distintas, mira la nota al pie: es ahí donde una edición con notas explica esa clase de desacuerdo, y donde verás si es sobre el significado de una palabra o sobre qué manuscritos se han seguido. La nota de la NVI que hemos citado más arriba es exactamente eso.
¿Por qué hay tantas versiones de la Reina-Valera?
Porque es una revisión, no una traducción nueva cada vez. El trabajo de Casiodoro de Reina (1569) y Cipriano de Valera (1602) se ha ido actualizando para que el castellano siga siendo legible: 1862, 1909, 1960 y 1995, y después han aparecido versiones que parten de esa misma tradición con el idioma puesto al día. Por eso seis de las diecinueve versiones en español que hemos contado comparten apellido.
¿Hace falta saber hebreo o griego para leer bien la Biblia?
No para leerla. Sí para zanjar una discusión que dependa de una sola palabra. Para todo lo demás, comparar dos buenas traducciones te da casi la misma información que consultar el original, y te la da en un idioma que entiendes. Si te pica la curiosidad por las lenguas de partida, lo resumimos en ¿En qué idiomas se escribió la Biblia?.
¿Van a seguir apareciendo traducciones nuevas?
Todo apunta a que sí. El español seguirá cambiando, la 29.ª edición del texto griego de referencia está en preparación y en 2025 se publicaron traducciones bíblicas en cien idiomas. Mientras haya lectores nuevos y lenguas sin Biblia, habrá traducciones nuevas.

Por el Amor a Dios, al prójimo y al investigador, en necesario que completen los artículos que la web contiene y que su desarrollo posterior tenga los suficientes temas para alimentar nuestra Fe y conocimientos de la Santa Palabra. Que Dios les bendiga y les guíe en tan ardua labor.
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